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Monseñor Sebastián afirma que el manifiesto del PSOE contiene confusiones importantes y no está bien elaborado


2006-12-09 12:02

PAMPLONA, 9 (EUROPA PRESS)

El arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Fernando Sebastián, indica hoy que el manifiesto del PSOE sobre Constitución y laicidad no le parece,con los debidos respetos, un texto bien elaborado. A su juicio, contiene confusiones importantes y esconde una concepción de la vida política injusta con la religión y excesivamente autoritaria. Un texto, además, que con apariencias laudatorias desplaza el valor y el verdadero sentido de la Constitución, agrega.

Monseñor Sebastián, en una carta, apunta que es bueno contar con textos como éste, en el que aparece manifiestamente el pensamiento de quienes tienen especial responsabilidad en la vida pública. Esta es la forma de poner en claro las ideas de cada uno y de facilitar un debate público, serio y objetivo, añade.

Según expone, la lectura atenta del manifiesto deja la impresión de que se confunde laicidad con laicismo. Para los católicos -dice-, normalmente, laicidad del Estado y de las instituciones políticas significa neutralidad ante las diferentes preferencias religiosas de los ciudadanos. El Estado reconoce el derecho a la libertad religiosa de los ciudadanos y favorece su ejercicio, sin hacer suya ninguna religión en concreto ni discriminar a ningún grupo por razones religiosas.

Y añade que los católicos cuando hablan de laicismo entienden aquella actitud por la que el Estado no reconoce la vida religiosa de los ciudadanos como un bien positivo que forma parte del bien común de los ciudadanos, que debe ser protegido por los poderes públicos, sino que la considera más bien como una actividad peligrosa para la convivencia, que debe por tanto ser ignorada, marginada y aun políticamente reprimida.

El arzobispo indica que los autores del manifiesto quieren resolver el problema que la pluralidad cultural de los ciudadanos puede suponer para la convivencia. Se da por supuesto que las religiones no pueden proporcionar un conjunto de convicciones morales comunes capaces de fundamentar la convivencia en la pluralidad, sino que son más bien fuente de intolerancia y de dificultades para la pacífica convivencia. Y que, en consecuencia, es preciso recluirlas a la vida privada y sustituirlas en el orden de lo social y de lo público por un conjunto de valores denominados señas de identidad del Estado Social y de Derecho Democrático, sin referencia religiosa alguna, impuestos desde el poder político, a los que se concede el valor de última referencia moral en la vida pública.

En este contexto, añade el arzobispo, corresponde al poder político configurar la nueva conciencia de los ciudadanos en sustitución de su conciencia religiosa y moral. Monseñor Fernando Sebastián expone que con esa manera de razonar se oculta una visión empobrecida y desfigurada de la religión.

En su opinión, no hay ninguna necesidad de que los poderes políticos impongan otro código moral ideológico, ajeno a los ciudadanos, por lo menos a buena parte de ellos, en sustitución de sus convicciones religiosas y morales, puesto que son estas mismas convicciones las que respaldan y garantizan el sentido vinculante de las normas comunes de convivencia.

Quien conozca de cerca la versión actual de la moral social de la Iglesia, verá fácilmente que los cristianos no necesitamos prescindir de nuestra fe y nuestros criterios morales para tener un sentido tolerante y democrático de la convivencia, expone, y afirma que la proyección del amor al prójimo, norma suprema de nuestra conducta moral, al campo de las realidades políticas, es base suficiente y firme para fundamentar las necesarias actitudes de justicia, tolerancia y solidaridad.

Según dice en su carta, el protagonismo reconocido en el manifiesto a los valores laicos de ciudadanía y convivencia, no solamente desplaza la influencia ética de las religiones, sino que se impone incluso sobre el sentido más obvio del texto constitucional. Varias expresiones del manifiesto hacen pensar que sus autores argumentan más desde una ideología laicista, previa al texto constitucional, que a partir del texto objetivo de la Constitución de 1978, apunta.

El arzobispo de Pamplona añade finalmente que el ritmo y la estructura del texto hace pensar que está elaborado para justificar la existencia y la imposición de la nueva asignatura Educación para ciudadanía. Se dice que los poderes políticos tienen que contribuir a formar las conciencias de acuerdo con el mínimo común ético constitucional, apunta, para agregar que reconocer al poder político como legítimo formador de las conciencias de los ciudadanos puede ser una afirmación peligrosa.


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